Silvina tiene miedo, y no es para menos. El día en que se confirma el femicidio de Araceli Fulles, se anima a contar públicamente el calvario en el que vive porque no quiere ser la próxima víctima de violencia de género en Mar del Plata pero, para eso, necesita que la justicia reaccione. Contra su ex marido – que se llama  Gustavo Gabriel Defilpo y es conductor del taxi con licencia 141 de Remicoop –  ya efectúo 25 denuncias. La atacó con un cuchillo el 18 de abril y la sigue amenazando. Le dijo, para amedrentarla, que “es más rápida una bala que un botón anti pánico”.

Su matrimonio duró 24 años, pero durante los últimos 12, Silvina soportó distintos episodios de violencia en coincidencia con el aumento de los problemas de su ex marido con el consumo de estupefacientes. El año pasado fue ella la que se tuvo que ir del país por dos meses porque el botón anti pánico no le sirvió. Incluso él le ha dicho en reiteradas oportunidades que la va a matar, que la va a degollar.

“El estado no me dio ninguna respuesta y ya llevo 3 años de denuncias y agresiones continuas. El año pasado me quebró dos dedos y ni siquiera lo llamaron para hacerle una pericia psicológica. Él no tuvo ni un día de detención. Sigue como si nada le hubiera pasado”, contó Silvina, desesperada.

Y agregó que desde la justicia le piden que se presente con un abogado, que ella misma tiene que pagar. En un día de dolor al confirmarse la muerte de Araceli Fulles en José León Suárez, Silvina confesó: “Siento que voy a ser una más. Trataré de luchar todo lo que pueda pero ya no sé donde pedir ayuda. Después son los lamentos“.

El último episodio de violencia fue el 18 de abril. Silvina fue a tomar un café con un amigo, él la descubrió y por el vidrio y con una seña de manos, le dijo que la iba a matar. Minutos después cuando ella llegó a su casa, su ex marido la sorprendió por atrás y la atacó. “Se bajó con una enorme cuchilla. Me quiso lastimar, me caí para atrás y se me cayó el celular y ahí empezó a acuchillar al teléfono”, recordó Silvina y siguió: “en ese ínterin me pude parar e intenté entrar a mi casa, pero él otra vez me alcanzó y me dio patadas y golpes de puño en el pómulo – razón por la cual estuvo varios días sin comer-“.

Gustavo goza de la libertad como cualquiera. Incluso se desempeña como taxista en Remicoop, con la licencia 141. “El dueño sabe perfectamente el problema que tenemos pero le sigue dando trabajo. Él me persigue con ese coche”, sostuvo Silvina. Después de 25 denuncias, sigue esperando que la justicia reaccione, para no convertirse en la próxima víctima de violencia de género en Mar del Plata.

 

 

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