Las jóvenes detallaron en la Procuraduría de Violencia Institucional que un efectivo de la Policía de la Ciudad golpeó y trató de “pibe” a una de ellas.

Terminé el cigarrillo y cuando me quise retirar del lugar, el policía se pone enfrente mío, empujándome, me dijo: ‘Che, pibe: vas a ser detenido. Quedate acá'”, declaró Mariana Gómez -acompañada de su esposa Rocío Girat y de su madre-, quien el lunes alrededor de las 13.00 fue detenida y golpeada en la Estación Constitución por un efectivo de la Policía de la Ciudad. El fiscal titular de la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), Félix Crous, dispuso que profesionales del Cuerpo Médico Forense revisen a Gómez, para certificar las lesiones.

La joven contó que la mantuvieron “esposada en Constitución durante tres horas”, antes de ser trasladada a un calabozo de la División Subterráneos de la Policía de la Ciudad, ubicado en la estación Boedo de la línea E. Durante su declaración en la sede de la Procuraduría especializada, explicó que el lunes pasado al mediodía junto a otras personas se protegieron de la lluvia en “la cúpula de al lado de la estación, que está antes de ingresar a los molinetes del subte”.

Según el testimonio de Girat, un empleado de Metrovías pidió Mariana “que apagara el cigarrillo”, a lo cual le respondieron que hacía una hora que se encontraban en el lugar, “que había más gente fumando y que no había ningún cartel que especificara que no se podía hacerlo. El personal de Metrovías llama al personal de la Metropolitana, que era el mismo personal que nos estaba observando antes”.

En ese momento, comenzaron las agresiones contra Gómez, quien fue esposada por el policía que inicialmente intervino y por una uniformada mujer. En su declaración, recordó: “La policía femenina lo ayudó a que me den vuelta y ahí él me puso su rodilla en la garganta, con los brazos trabados en la espalda, y la policía femenina, mientras tanto, me sostenía las piernas”.

En su denuncia, Girat detalló el contexto en el que se produjo la detención de su esposa: “Sentí que se encargaron constantemente de resaltar que Mariana y yo no estábamos casadas, que Mariana era un hombre y que yo era su amiga. Me negaron información. No dejaron que la acompañe siendo que se la estaba llevando la misma persona que la agredió”.