En un partido con la presión de llegar al mundial o clavar una estaca en el corazón de miles de argentinos, la selección nacional logró una victoria ante Ecuador de 3 a 1 y ya palpitamos el sueño de Rusia 2018.

Los ánimos estaban bajos. Los permanentes cambios de director técnico y en el plantel, generaban la sensación de que Argentina no lograba consolidar equipo. Las últimas experiencias, sin podio, nos arrastraron a una ola de desánimo y añoranza de los tiempos de gloria. Hoy Messi fue Messi, y nosotros inflamos el pecho con la bandera de la pasión de multitudes.

Acostumbrados a sufrir, logramos la clasificación en la última instancia. Durante los primeros minutos del partido, estábamos afuera, Ecuador primerió con el gol de Ibarra. Pero el fútbol tiene esa magia donde a veces las cosas se dan cuando tienen que darse: cuando los jugadores conectan, se inspiran y desatan un espectáculo que trasciende la pelota.

A los doce minutos, Messi marcó el partido goleando a la desesperanza. El segundo gol del diez, se clavó a los veinte y ya respiramos clasificación directa. El tercero fue el postre, para dormir felices, a los dieciocho del segundo tiempo, todo Messi, enamorandonos.

Enzo Pérez, quien reemplazó a Banega, fue otra de las figuras del partido, el mejor aliado del capitán y goleador del equipo, un acierto de Sampaoli.