Gracias a la lucha incansable de organizaciones de la diversidad como Asociación Mundo Igualitario (AMI), en alianza con otros actores de la universidad como el gremio del personal universitario (APU), tras la votación afirmativa que consagró el cupo laboral trans en la UNMDdP, hoy la Universidad incorporó dos nuevas trabajadoras.

Dos trabajadoras se incorporan a la planta permanente de trabajadoras y trabajadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata, consolidando una política de inclusión que ya es mirada por diferentes academias del mundo como ejemplo, y consolidando el cupo laboral trans en este ámbito. Las trabajadoras que ingresaron, cumplimentaron todos los requisitos que sus puestos requieren, incluidos los exámenes de preselección.

Esta política fue posible porque primero existió la Cátedra Lohana Berkins, conformada por docentes y estudiantes universitarias y organizaciones como AMI y Mumalá. Los debates que allí fueron semilla, hicieron mella en proyectos como el protocolo contra la violencia de género, o el proyecto de cupo laboral trans donde AMI buscó proyectar el espíritu de la Ley Diana Sacayán en el ámbito académico, para empezar a consolidar espacios laborales institucionales, una deuda histórica del estado con el colectivo trans.

Se espera que la incorporación de trabajadoras travestis y trans en la universidad logre romper la perversa asociación en el imaginario social de travesti con prostitución, para romper el techo de cristal de este colectivo, así como también se busca que esta política tenga un efecto multiplicador en otro tipo de instituciones y emprendimientos económicos.

Agustina Ponce, referente de AMI, expresó en diálogo con La Posta: “Esto es un hecho histórico que sucede en Mar del Plata. No tiene precedentes en Latinoamérica y tal vez no los tenga en el mundo, que una universidad pública se haga eco de la emergencia socio-sanitaria en la que viven las compañeras travestis y trans en Mar del Plata, y buscamos que se replique en todas las Universidades, en los diferentes estamentos del estado y que la Gobernadora María Eugenia Vidal reglamente de una buena vez la Ley Diana Sacayán para que se cumpla el cupo en la provincia de Buenos Aires”.

La expectativa de vida del colectivo trans es de apenas 35 años. La ley de identidad de género empezó a generar importantísimas transformaciones que llevaran tiempo de implementarse. Los DNI son en el momento, pero aún falta que las instituciones se dejen atravesar por este importante cambio cultural que derriba el mito de las identidades binarias para abrazar la diversidad igualando derechos.

El 95% de las personas trans, sobretodo las expresiones femenizadas, han tenido o tienen a la prostitución como única herramienta de subsistencia. El prejuicio que discriminó a las mujeres trans como objeto de deseo, potenció la clandestinidad del sexo pago. Muchos de quienes no presentarían a su círculo de amistades una novia trans, son puteros cuando no hay testigos, o cuando se sienten seguros de la complicidad de sus pares en el pacto de fráteres que sella los privilegios de la masculinidad hegemónica.

 

 

 


Un recorrido por la lucha del activismo trans

Antes de la ley de identidad de género, y atravesadas por la prostitución, muchas travestis se apoyaban en la figura de la “madrina”, una travesti más experimentada que la acompañaba en el proceso de transformar su cuerpo, casi siempre con procedimientos clandestinos y riesgosos como el moldeo de silicona líquida o aceite de avión inyectado. La madrina le abría las puertas de su casa a la iniciada, y cobraba porcentajes de lo que ésta fuera obteniendo en situación de prostitución. La prostitución, en muchos casos, venía con el consumo problemático de drogas, para soportar el frío de las esquinas y la poca ropa para atraer a los puteros, y para lidiar con el sexo siempre deseado por un otro.

En tiempos de dictadura y luego en democracia, las personas eran arrestadas por el sólo echo de ser trans, al circular por la vía pública. Los códigos contravencionales o de faltas de las provincias tenían artículos que penaban con arresto “a quien vistiere ropas del sexo opuesto”. Esto era utilizado por la policía para perseguir a este colectivo, cobrarles “coimas”, arrestarlas y someterlas a todo tipo de violencia verbal, física y sexual.

Tras ir eliminando o dejando sin efecto los artículos discriminatorios de los códigos contravencionales, las organizaciones travestis lucharon contra la despatologización, y por derribar los muros que las expulsaban del acceso a derechos fundamentales como la identidad, salud, la educación y el trabajo.

Lohana Berkins, referente del feminismo latinoamericano, y matriarca trava orgullosa, dedicó su vida a luchar para instalar que la prostitución no es trabajo sino violencia. Ella junto a sus compañeras travestis nucleadas en ALITT, conformaron la primer cooperativa de trabajo, llamada Nadia Echazú, y luego el Bachillerato Mocha Celis, sabiendo que la altísima incidencia de la prostitución en la vida de las travestis estaba íntimamente a la temprana expulsión del núcleo familiar, seguido de las instituciones. La situación de calle a tempranísima edad, la soledad, y las violencias eran el cóctel de lo que hoy podríamos analizar como “trata blanda”. Referentes locales, como Cintia Pili, lograron replicar la experiencia de la cooperativa textil Nadia Echazú en Mar del Plata, y fundaron la cooperativa “Pía Baudracco”.

Diana Sacayán, referente de Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) quien fue víctima de travesticidio, impulsó consultorios “amigables” en pleno conurbano y el interior de la provincia. Sacayán también fue la punta de lanza para lograr la aprobación de una ley provincial de cupo laboral trans, que aún no fue reglamentada.

Luego de años de experiencias, festivales, marchas y proyectos, se conquistó la Ley de Identidad de Género, modelo internacional por lograr reunir la condición de instalar la Identidad Autopercibida, eliminando la arbitrariedad del diagnóstico psi, y la voluntad judicial.

Tras estos importantes logros, las organizaciones de Mar del Plata avanzaron mucho más. Lograron tener dirigentes ocupando importantes cargos en el ejecutivo, candidatas en elecciones, proyectos de visibilidad aprobados en el concejo deliberante, y tal vez los más importantes: el cupo laboral trans en la universidad y en el municipio. Mar del Plata es la primer ciudad del país en lograr esta política inclusiva. En la marcha del orgullo realizada el pasado 9 de diciembre, los principales reclamos fueron “Ni muerte, ni calabozo. Vivxs, libres y orgullosxs”, para repudiar el protocolo lgbt que sella la escalada represiva del gobierno de Cambiemos hacia este colectivo, repudiar el trans-femicidio o travesticidio, y exigirle al ejecutivo municipal que implemente el cupo laboral trans en la comuna, tras su aprobación por concenso de todos los bloques.