[#NiUnaMenos] “Está noche te limpio” le gritaba mientras la atacaba

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Ivana expone su denuncia a los medios pidiendo ayuda. Fue víctima de violencia de género, hizo las denuncias, consiguió una orden de restricción, pero su agresor  continúa hostigandola, y teme por su vida.
Ivana descubrió que su pareja le era infiel, y empezó a sentir que se volvía cada vez más agresivo hacia ella, y le planteó terminar la relación. Continuaron conviviendo, mientras dirimían cómo resolver su situación habitacional, y en ese marco, el 18 de diciembre, se desató la pesadilla.

Ella lo conoció hace un tiempo. Ambos eran divorciados y rápidamente decidieron convivir.  Ivana puso su casa en alquiler, y rentaron una vivienda juntos, en el Bosque Peralta Ramos. Ivana cuenta que fue detectando cosas en la convivencia que le hacían ruido, que fueron marcando un camino de violencia. “Un día me ordenó que le haga un bolso, así de forma muy machista” relata.

Transcurridos unos meses de relación, Ivana descubre que Carlos Alberto Paredes (pide que difundamos su nombre), su por entonces pareja, mantenía amoríos con otras cinco mujeres. Ella decide confrontarlo, y ahí comenzaron las amenazas. Según cuenta Ivana, ante la infidelidad ella respondió con el planteo de acabar la relación, y la respuesta de Paredes habría sido amenazas perpetradas por el y por mujeres de su entorno.

Ivana y Paredes, ya separados, continuaron conviviendo mientras resolvían su situación habitacional, esperando poder resolver una separación en buenos términos. El 18 de diciembre, Ivana regresó de madrugada al hogar compartido y, según consta en la denuncia, Paredes la esperó encolerizado y ebrio detrás de la puerta. Cruzar la puerta significó para ella entrar en una pesadilla que se prolongó hasta la mañana siguiente.

En la descripción de los hechos que comparte  Ivana, Paredes la tomó de los pelos, la arrastró escaleras arriba hasta la habitación donde la encerró y le gritó “Puta, con quién te encamaste??”. Luego Paredes ingresó a la habitación y la golpeó repetidamente en el cuello, provocando la caída de ella contra paredes y muebles. Ella rompe la cerradura de la habitación, el vuelve a tabicarla con un sillón. Ella piensa en saltar por la ventana, es solo un piso de altura. Quiere vivir.

El relato de Ivana continúa, porque la pesadilla fue larga. El continúa gritando, ella logra empujarlo y sale de la habitación. El la alcanza llegando a la escalera y la empuja. Ivana cae de espaldas, escalón por escalón hasta abajo. “Te voy a matar, hija de puta. Hoy te limpio” gritaba el agresor.

El golpea a sus mascotas para propagar la sensación de terror sin límites. Ella quiso llegar a la puerta de entrada, el la sujetó nuevamente del pelo y la arrastró a la cocina. En la cocina, con una mano la sujetaba, ya molida a golpes, y toma un whisky que golpea contra el mármol y bebe del pico. Paredes apoya el whisky, abre el cajón de los cuchillos, y ella ve una endija, entre las ventanas bloqueadas con persianas metálicas, por donde escapar.

Ivana vislumbra una salida. Es la ventana que dejan abierta para el ingreso de las mascotas. Logra salir. Corre al tapial del fondo, grita, pide ayuda. Nadie oye y el la arrastra de nuevo adentro. Escapa nuevamente, nuevamente la arrastra adentro. Logra salir por tercera vez. “Saqué todas mis fuerzas cada vez, sino estaba muerta” describe Ivana. Esta vez, una vecina escuchó y gritó que llamó a la policía. Ivana corre hacia el frente, trepa el portón, salta. Embarrada y descalza, sangrando, llega hasta la esquina. Grita, grita con todas sus fuerzas. Los vecinos la escuchan, la ingresan a su casa y la contienen hasta la llegada de la policía.

Hay un después, donde Ivana está viva. Recorre dependencias policiales, radica la denuncia, obtiene una orden de restricción perimetral y un botón antipático. Paredes la contacta nuevamente infringiendo las restricciones, Ivana amplia la denuncia. Buscó abogados, recurrió a los medios. Llegan amenazas a su familia, a su padre, a su hijo. Difunde todo lo que pasó, en redes sociales, en los medios. La contactan otras víctimas, e intenta compartir con ellas su coraje: “nadie se merece esto, esto no está bien, hay que denunciar” dice, con una valentía contagiosa. “Hay que hacer algo para que no nos sigan matando, el estado, la justicia tienen que hacer algo” enfatiza. La semana un femicidio ocurrió en el barrio Santa Rita.