El mar erosiona naturalmente el frente costero. Para proteger los espacios de playa, se deben realizar tareas de mantenimiento, y en su defecto componer las averías. Desde hace por lo menos un año, para llegar a la arena en Danilo, una playa pública ubicada a 12 cuadras de la que inauguró María Eugenia Vidal, hay que bajar por un poste de luz amurado a la escollera.

Cuando la gobernadora presentó las instalaciones de la playa pública ubicada a la altura de Constitución, la imagen fue impactante: emulando los servicios que prestan los concesionarios privados, pero de forma gratuita, aunque con apenas 420 sombrillas para una ciudad que quintuplica su población en verano.

Esa realidad dista completamente de la que se vive en el resto de las playas públicas de la ciudad, a las que llegar puede ser una odisea. Baños públicos no hay, o están en condiciones en las que la mayoría de los visitantes deciden evitarlos. El baño más próximo a la playa Danilo, es en Estrada, a cuatro playas. Las bajadas, tanto de concreto como en madera, se transformaron en trampas mortales.

La basura, que debería ser recolectada por la empresa 9 de julio, quien tiene a su cargo la licitación del servicio, está ensuciando y contaminando la costa, sin ser recogida; o el algunos casos, las playas son limpiadas por los guardavidas, hartos de lidiar con el incumplimiento del servicio. Por el mismo motivo faltan cestos de basura.

El operativo sol, que dispuso de más de 15 mil agentes de policía, se ve que no llega a esa zona, porque desde hace días, las mujeres que concurren son acosadas por un exhibicionista que se masturba en público, y al que los guardavidas corrieron un par de veces, sin poder perseguirlo para no descuidar sus puestos de trabajo.