Una multitud se manifestó ayer en las calles, en contra de la prisión domiciliaria del genocida Miguel Etchecolatz, quien goza de ese beneficio desde hace una semana en su casa del Bosque Peralta Ramos. Organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles y autoconvocados, coparon las calles céntricas en repudio a la decisión judicial. “Etchecolatz y Wolk saben dónde está mi nieto, dónde tiraron a mi hija”, afirmó la titular de Abuelas de Plaza de Mayo de Mar del Plata, Ledda Barreiro.

Unas 25 cuadras de longitud tuvo la impresionante y contundente marcha, la cual fue una clara demostración de que la sociedad marplatense no quiere a Etchecolatz en la ciudad ni en ningún otro lado que no sea la cárcel común. Se suma esto, a una serie de manifestaciones y escraches que se vienen dando en estos días en relación al dictamen de los jueces José Martínez Sobrino, Julio Panelo y Fernando Canero, integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6.

La concentración comenzó cerca de las 17 en avenida Luro desde la sede del Tribunal Oral Federal N° 1, hasta la zona de la municipalidad y un poco más. Las columnas iban llegando detrás de sus estandartes que flameaban con el veraniego viento de la tarde marplatense. La marcha la encabezó una bandera que decía “La única casa para un genocida es la cárcel”, que era llevada por las Madres, Abuelas, Familiares, Hijos, Nietos y principales referentes de las organizaciones participantes. Por detrás, la enorme bandera argentina con los rostros de los desaparecidos la cual fue flanqueada por mayoría de autoconvocados.

Luego venían marchando las organizaciones de izquierda, las organizaciones sociales, sindicatos y organizaciones del peronismo y el Kirchnerismo quienes prácticamente cerraban la marcha con una de las columnas más grandes que se pudieron ver. Algunas de las columnas vinieron directamente desde La Plata y Capital para participar de la histórica movilización por las calles de Mar del Plata.

La marcha comenzó apenas pasadas las 18 avanzando por Luro hasta la costa y de ahí hasta la plazoleta Almirante Brown entre los tradicionales Casino y Hotel Provincial, en donde finalizó la movilización con un acto en el que hicieron uso de la palabra las Madres, Abuelas y Rubén López, el hijo de Jorge Julio López, el albañil que fue testigo clave para condenar a Etchecolatz y que a horas de su testimonio ante la justicia fue desaparecido por segunda vez, y hasta hoy no se sabe nada de su paradero.

La tarde comenzaba a caer y recién en ese momento comenzó la desconcentración que por tratarse de una multitud, demoró bastante tiempo para que las columnas vuelvan a sus puntos de origen, lo cual demandó que miles vuelvan a cruzar el centro de la ciudad, esta vez por las calles internas como Moreno y Belgrano hacia el lado de Independencia. Los organismos de Derechos Humanos, organizadores de la marcha, quedaron más que satisfechos por el masivo acompañamiento de las organizaciones pero por sobre todo del público autoconvocado.