La casa del puente, como se conoce popularmente a “la casa sobre el Arroyo” de Amancio Williams, podría cerrar sus puertas. Con las obras de reconstrucción completamente paradas, ya sufrió el quite de la seguridad, las horas extras para visitas guiadas, y ahora sacaron también los baños químicos, únicos sanitarios disponibles tanto para el público como para los empleados.

La casa sobre el Arroyo es uno de los seis museos que dependen de la secretaria de cultura del municipio. A todos se los viene vaciando lentamente, con el quite de horas extra, y del personal de seguridad. Este espacio, además, cuenta con declaratorias de “Interés Patrimonial, Cultural, y Natural” por parte del municipio, en la ordenanza 10075/93; “Monumento Histórico Artístico Nacional” en el decreto 262/97, y “Patrimonio Cultural, Histórico Arquitectónico y Ambiental” de la Provincia de Buenos Aires, por medio de la Ley 13.599.

Pablo Mastropasqua, Arquitecto, docente y Coordinador del Instituto de Estudios Patrimoniales CAPBA (Colegio de Arquitectos de la Provincia), afirmó: “El posible cierre de las magras actividades que ofrece la Casa sobre el arroyo como museo (creo que esta categoría le queda un poco grande dado su contenido) es una muestra más de un gobierno municipal y provincial que solo ponen recursos en tapar agujeros (no los de las calles precisamente)”.

El quite de los baños es el detonante. Una obra de interés internacional, parte del patrimonio turístico y cultural de la ciudad no puede no tener un espacio digno para instalar sanitarios apropiados. Los últimos dos años, los empleados trabajan en una oficina container, y utilizan, al igual que las visitas, baños químicos. “Posiblemente esto se solucione y se destine el dinero para alquiler de los sanitarios para el sitio, pero esto no es una solución, un espacio como la Casa sobre el arroyo merece más, mucho más que un par de módulos de plástico para empleados y publico, con una obra abandonada desde 2015 sobre la casa de los caseros donde se proponían estos servicios, una administración que no fue capaz de invertir un peso para retomarla, o aunque mas no sea, adaptar la obra para ofrecer algo mas que una casa en muy mal estado y un espacio en obra” explica Mastropasqua.

Lo que más preocupa a a los especialistas, es el creciente deterioro de la infraestructura de la casa, obra que es estudiada en todo el mundo como icono de la arquitectura moderna. “Vivimos hace dos años de promesas de una puesta en valor integral que vendrá como solución divina bajada desde oficinas ministeriales en Buenos Aires, de lo cual los marplatenses solo pudimos ver un panel en la bienal de arquitectura 2017. Como es habitual, los locales poco enterados, poco participes, es más, en ese mismo panel nos desayunamos con el proyecto de un pabellón nuevo en el acceso al predio del cual nada se dice y las voces patrimoniales no han podido opinar.