Seis condenas por delitos de lesa humanidad parecen no frenar a quien hoy es avalado por la justicia. El represor se trasladó en un auto privado desde su vivienda hasta una clínica, violando la domiciliaria. Impunidad al palo.

Tal como habían advertido los organismos de derechos humanos y Rubén, el propio hijo de Julio López: “Esta es una libertad domiciliaria. Va a salir cuando quiera”. Y así sucedió en las últimas horas en la ciudad.

Miguel Etchecolatz, genocida que cuenta con seis condenas por delitos de lesa humanidad, condenado por secuestros, torturas, asesinatos y apropiaciones de bebés, fue visto en el centro de la ciudad. Trasladado en un vehículo particular, se acercó a la clínica privada Colón, donde se realizó estudios.

La silla de ruedas distrajo a muchos pero no a todos los presentes, que pudieron ver su siniestra sonrisa, la misma que mostró en los juicios que lo condenaron y la que las víctimas cuentan que tenía durante sus torturas. Tres civiles lo ayudaron a descender al lugar donde lo esperaba su esposa.

Organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y políticas, denunciaron la situación y piden que el genocida vuelva a una cárcel común luego de haber violado su condicional.