Mar del Plata vivió una fiesta singular y emotiva con la realización de la trigésimo cuarta Ceremonia en honor a Iemanjá. Miles de personas asistieron a la procesión, las danzas, rezas, toques de batuque, entrega de ofrendas, bodas según el rito africano, coreografías de capoeira, la bandera de la diversidad, la protección bajo el manto del Alá y el gran final con fuegos artificiales. 

Como cada primer domingo de febrero, Mar del Plata volvió  a celebrar una nueva Ceremonia en Honor a Iemanjá, la trigésimo cuarta en esta edición en la que asistieron miles de personas llegadas de toda la Argentina, de Cuba, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Desde su inicio en la formación de la procesión en el Playón de Las Heras y la costa, se encontraba el grupo tradicional de Capoeira (danza ritual africana) “Topazio”, a modo de anuncio y al son del sonido de los tambores de batuque. 

Luego la peregrinación avanzó hacia la Playa Popular II, con los fieles ataviados con trajes típicos, escoltando la estatua tradicional de Iemanjá, especialmente traída de África, y las barcas con ofrendas, pedidos y los cántaros con flores. Al finalizar la bandera de la Diversidad, portada por activistas de AMADI y de la Red de Personas Viviendo con VIH cerraba la emotiva marcha.

Ya en la playa, se formó la conocida Roda, círculo humano integrado por fieles, que van danzando y cantando (“tirando” en lenguaje ritual) las rezas (cantos) de cada Orixá, alrededor del altar presidido por la imagen africana de Iemanjá y seguido por las barcas, todo iluminado por antorchas y al compás del toque de batuques (tambores típicos).

Inmediatamente, el babalorixá Hugo Watenberg, dio la bienvenida a los presentes, destacó la presencia de las autoridades y personalidades nacionales, provinciales y locales que acompañaron y avalaron esta edición y a todos los religiosos que llegaron desde distintos puntos del país, como a todos los asistentes, fueran o no del culto, que, cada año, se suman a este festejo pluricultural,  para luego avanzar e internarse en el mar con el fin de solicitar simbólicamente a Iemanjá el permiso para la celebración y fundamentalmente la protección de la Orixá para todos.

A continuación se realizaron las danzas de Orixás alrededor del altar para luego dar lugar a la celebración de tres bodas, efectuadas conforme el ritual africano tradicional, en el cual los novios fueron recibidos por el babá y acompañados por sus padrinos obtuvieron la protección de sus Orixás e intercambiaron votos y alianzas. Todo esto bajo el Alá, manto blanco que representa a Oxalá, uno de los Orixás máximos del culto.

Posteriormente el babalorixá Hugo Watenberg, acompañado por fieles, se internó en el mar para entregar las barcas con regalos para Iemanjá y pedidos, momento en que miles de personas fueron a la orilla para arrojar las flores en honor a Iemanjá.

Al regresar, los presentes recibieron el Ashé de los ministros del culto y las guías celestes de Iemanjá y pasaron bajo el Alá.

Finalmente, desde el espigón, se lanzaron fuegos artificiales que iluminaron el mar desde el cielo, poniendo un auspicioso cierre para todo el año a una Ceremonia que ya es tradición en Mar del Plata.