Se salvaron por fortuna. El martes por la madrugada, Maximiliano José Rivero (32) prendió fuego la casa donde vivía su ex pareja junto a sus hijos, en la calle Rosales al 11600. La familia logró salvar su vida porque no estaban en el domicilio en ese momento. Ahora están en un hogar y esperan que el poder judicial actúe frente al agresor, y que el estado les dé respuestas para reconstruir su casa. 

Rivero ya había sido denunciado por violencia de género en numerosas oportunidades. Como en tantas otras ocasiones, el estado dejó a sus víctimas desamparadas. Tras incendiar la vivienda de su ex pareja con la intención de matarla, Rivero se dio a la fuga en un auto manejado por un amigo suyo, posteriormente identificado como Guillermo Luis Rodriguez (24).

Con la denuncia del incendio se activó el dispositivo policial para dar con el paradero del agresor, y se logró identificar el vehículo, un Chevrolet corsa, patente LGW826. Al ser interceptado por las fuerzas de seguridad, Rivero se tiró del auto que era conducido por su amigo, y se mantuvo prófugo por unos minutos más. La policía logró la aprensión de Rodriguez, en Soler al 11800.

Rivero, habiendo eludido el primer encuentro con la policía, regresó a la escena del crimen, y desató una pelea con vecinos. Allí la policía logró detenerlo y ponerlo a disposición de la justicia. El fiscal actuante en la causa, emitió la notificación judicial como “violación de domicilio, daños e incendio” (apenas contravenciones a los artículos 35,74 y 79) y dispuso que ambos detenidos sean alojados en la unidad Penitenciaria de Batán. Desde la Dirección de la Mujer, confirmaron que alojaron a la víctima y su familia en el hogar Galé, que iniciaron trámites para la asignación de ayudas económicas que le permitan reconstruir la vivienda, y que aportarán patrocinio jurídico para que la causa sea recaratulada dando cuenta de la gravedad de la situación.