Por el mal clima, la producción de lechuga sufrió mermas importantes, elevando tangencialmente su precio por jaula, y traduciéndose en números insólitos en góndola. En las verdulerías de Mar del Plata, el precio por kilo oscila entre 50 y cien pesos.

Probablemente la ensalada más consumida por los argentinos sea tomate y lechuga, el clásico de cualquier asado, peleando el podio con papa y huevo, zanahoria rallada con tomate, o la nueva diva rúcula y parmesano.

La lechuga con limón es tan buena compañera de una milanesa como de una costilla de cerdo, y se aventaja a otros acompañamientos por su practicidad y sabor: lavar, cortar, unas gotitas de limón, un toque de aceite y a la mesa. Sin tener que hervir o complicarse, dota al plato de color con un sabor poco invasivo, amigable para los menos habitues de los vegetales.

Recorriendo cuatro verdulerías de la zona de Independencia y Balcarce, comprobamos que dos vendían la lechuga a 50 pesos el kilo, una a ochenta y otra a cien. Desde las verdulerías aclaran que al ser un vegetal de hoja, la planta, cantidad que suele llevar el consumidor, no pesa más que doscientos gramos. Los comerciantes señalan que a pesar de los aumentos, las ventas de lechuga no cayeron.

Una planta de lechuga, comprando en los lugares donde el precio por kilo ronda los cincuenta pesos, se compra por trece pesos aproximadamente. El kilo de tomate se puede llegar a conseguir por cinco pesos, y por veinte se logra una buena ensalada. Morada, criolla, repollada o mantecosa, ya es una elección de cada consumidor.