Un grupo de cooperativistas de “Creciendo Juntos” se reunieron en el hall municipal y apuntaron contra el exconcejal y su compañera política Vilma Baragiola. “Desde hace 9 meses nos ofrecieron ayuda para conformarnos pero nos enteramos que recién hace 6 días entraron los papeles. Juegan con el hambre de la gente”, enfatizaron.

Mari Gómez fue conocida públicamente en el año 2015 cuando junto con sus compañeros de Argen Pesca ocupó la sede de la secretaría de Trabajo de Provincia, a la espera de una respuesta luego de que se quedaran sin trabajo en una situación de precariedad y vulnerabilidad absolutas.

Una vez resuelto el conflicto, poco y nada se supo de ella. Pero la ciudad es chica y las realidades se vuelven a repetir: hoy Mari reaparece con un reclamo por trabajo y denuncia junto a sus compañeros un engaño del que fue víctima.

“Hace 9 meses iniciamos un proyecto de cooperativa de construcción que se llama ‘Creciendo Juntos’. Tuvimos una reunión en Desarrollo Social y la secretaria Patricia Leniz cumplió con la mano que nos prometió. En esa reunión apareció Gonzalo Quevedo (por ese entonces concejal) que fue enviado por Vilma Baragiola. Como en ese momento estaba haciendo campaña, dijo que no nos podía ayudar porque iba a quedar mal visto”, contó.

El relato muestra a Quevedo como un facilitador: “Nos ofreció hacer realidad este trabajo y allí comenzamos. Fuimos varias veces a Desarrollo Productivo y al Banco Credicoop a hacer los depósitos y trámites correspondientes para poder hacer nuestra cooperativa una realidad”.

Pero como suele pasar, los sueños se truncaron y poco importaron los trabajadores/as. “Esperamos con toda nuestra ilusión hasta que el viernes vinimos porque no daba para más. Estuvimos aquí (en el Municipio) con Quevedo que nos dijo que recién hacía 6 días habían entrado los papeles de los trámites”, relató Mari, decepcionada.

“Estamos pidiendo que interceda el intendente; sabemos que él no tiene la culpa pero tiene que ponerse a la altura de las circunstancias”, dice, aludiendo a todo Cambiemos.

La rabia aumentó cuando, como solución al ‘bicicleteo’ de tantos meses, les ofrecieron bolsones de comida: “Parece una burla; no queremos ayuda, queremos trabajar como lo habíamos proyectado. Hay familias que creyeron en ellos y en este proyecto, no podemos permitir que nos sigan manoseando. Lo peor es que no podemos hablar más con Vilma porque se enojó porque nos quejamos. Pero no importa, vamos a seguir luchándola”.