Unas cuatro mil familias que viven de la producción frutihortícola de la ciudad volvieron a realizar un “verdurazo”, una forma de protesta que ya sido utilizada por el sector para visibilizar la problemática de los pequeños productores agropecuarios, quienes se quedaron sin margen de ganancia entre la escalada del dólar en sus costos productivos, los precios bajos a los que logran colocar la producción en el mercado, y la competencia desregulada con los grandes pooles sojeros.

Claudia Campos, referente de la Asociación de Pequeños Productores contó: “Todos los productos que usamos nosotros nos cobran al precio del dólar. Ya nos damos mas. Estamos regalando la verdura en vez de tirarla porque la gente necesita y no puede comprar, y porque a nosotros las empresas nos pagan una miseria, y no nos sirve eso”.

La referente también cuenta que la crisis data de meses, y está empujando a muchas familias a dejar la actividad. Las contingencias climáticas como inundaciones y temporales que afectaron gran parte de la producción, la ausencia del estado para generar políticas de impulso, microcréditos, y programas que incentiven las economías regionales devastaron a la agricultura familiar. “Estamos por dejar las quintas porque ya nos damos más. A nosotros que lo producimos nos pagan poco y la gente que va a comprar le cobran caro” cu. cuenta Claudia

El verdurazo confluyó con otras dos protestas que se dieron cita en las calles que bordean el palacio municipal. Los productores colocaron los camiones sobre Hipólito Yrigoyen, y desde allí llenaron las bolsas de las personas que hacían fila para recibir alimentos. Sobre la avenida Luro, la CCC llegaba movilizando para entregar a los funcionarios un petitorio que clama por la ordenanza que preve asegurar un cupo en las obras públicas para el empleo que generan las cooperativas de trabajo, y exigirle a las autoridades que cumplan con lo prometido a los comedores barriales: alimentos y garrafas.

Sobre la esquina de enfrente, los docentes reiteran su pedido de una paritaria digna, con una proyección que no quede por debajo de la inflación y anuncian un plan de lucha. En medio, acompañados, los productores familiares, intentando que el gobierno reaccione con ese sector del campo que no usa traje y corbata: “No somos escuchados. Estamos frente a la municipalidad esperando que nos abran la puerta, que nos escuchen” dice Campos.