Varios años antes, se corría detrás de la llamada “fiebre del oro” que movilizaba atrás del preciado mineral, a miles que buscaban salvar sus economías. Hoy el puerto local sufre la emigración de la llamada”fiebre del oro rojo” o “locura del langostino”.

Más de cien barcos, que tienen muelle de asiento en nuestra ciudad, va a atracar en los puertos del sur por la cercanía con el preciado crustáceo, que tiene un valor de venta fenomenal que muchas veces supera los 6500 dólares la tonelada.

Los elevados costos que tiene una embarcación, atrapados por la inflación constante (muchas veces el gas oil ocupa el 70% de los costos de producción), sumado al bajo precio que tiene la merluza hoy en el mercado internacional que varía entre los 1700 y 3600 dólares la tonelada, hacen del pequeño marisco la salvación para las pequeñas embarcaciones y una suma increíble de ingresos al resto de los empresarios. Tal es así que sobre las 241.513 toneladas que se pescaron en el 2017, todos han querido este año no perderse el negocio.

Pero mas allá de este boom de divisas que es el langostino, el problema es que el gobierno nacional no tuvo la capacidad, junto con el provincial, de gestionar una salida a los que se quedan la ciudad esperando la vuelta de los barcos como esperaba Penélope el regreso de su amante. Esta falta de interés en los centenares que quedan sin trabajo, se ha multiplicado en los cortes de calles en frente de las cooperativas o empresas armadoras que no tienen ni el garantizado para sus empleados.

Conflictos como el de Loba Pesquera S.R.L, parece ser parte de una ola que va creciendo. Esta empresa ayer entregó el telegrama de despido a los 56 efectivos que cortaban pescado bajo su directa relación. Este hecho también llegó a su barco el “Sirius” que dejo en el muelle a 20 personas entre marineros y maquinistas. Pero tristemente esto no termina ahí. Las cooperativas que dependían de esta empresa (algunas con mas de una década de relación) se quedaron sin la materia prima de trabajo, y entre tomas de fabricas y cortes de calles hicieron sentir su reclamo, aunque hoy con menos expectativas que ayer. Mar Adriático, Producoop y J.J. Mar, entre otras, son las cooperativas que deben cerrar sus puertas. En total serán 200 familias que engrosaran las encuestas de desocupación de la cuidad.

Barcos que se hunden y marineros que son perseguidos por denunciar fallas, como en el reciente caso del Emilia María denunciado por la multisectorial #ningúnhundimientomás. Empresarios inescrupulosos que llevan sus barcos en cualquier condición con tal de no perder días de pesca.

Un Estado ausente, que ni siquiera pueda garantizar los sueldos de sus inspectores que están hace casi dos meses trabajando a reglamento y fabrica permisos de pesca como el famoso caso del José Américo. Y un recurso pesquero que como si fuese un yuyo o una mala hierba que donde lo arrasan vuelve a salir, es la única garantía de que el puerto local no haya volado por los aires. Pero no esta garantizado que esto no pase de acá a fin de año. Hay un teléfono que está sonando en las oficinas de subsecretaria de pesca y los que saben dicen, que resuena hasta en la Casa Rosada.