Marcos Posse falleció esta madrugada en nuestra ciudad y la desidia y la falta de respuestas fueron el desenlace de un hecho fatal.

Es un hecho policial más, que podemos resumir en un par de oraciones: “Un Joven de 18 años cayó de un poste luz anoche en la barrio las Heras alrededor de las 23. Aún se intenta saber si estaba arriba del poste o debajo”. Pero la realidad no es tan simple.

Marcos tenía 18 años. Vivía en el barrio Las Heras. Participaba del programa “Pasión de Barrio” donde los jóvenes juegan al fútbol con otros barrios. Tienen rondas antes y después de cada encuentro con el objetivo de trabajar valores, auto regulación y dialogo para resolver conflictos dentro y fuera de la cancha.

Este año, se anotó en el FINES del Barrio Pueyrredón, ayudado por esas mujeres y esos hombres que están donde hay que estar y son parte de la ayuda a los que menos tienen. Movimientos sociales, facilitadores, integrantes de programas, esos que están donde el hambre duele. Le insistieron a Marcos para que arrancara a estudiar de nuevo y comenzó muy contento. Luego empezó a ir al predio de basura, a ver si conseguía algo para vender. Esa basura que uno tira, Marcos la hurgaba para ver que resto nuestro a él le hacía feliz.

Ir al predio significaba no poder asistir tanto a clases. Los docentes lo ayudaban: “Marcos, te pongo presente hoy pero retoma así no perdés contenido”- Él reía. Siempre reía.

Luego, un clavo le atravesó la mano. Una infección le ganó a sus flojas defensas y ya el fines era casi imposible. Pero se mantuvo firme en el basural. Donde el equipo para bancar es alcohol, puchos, faso y lo que ayude a pasar el tiempo lo más rápido posible. Con menos olor y dolor.

Marcos Posse tiene a su amigo Bruno de ladero, de compañero de andanzas. De vida. el no tiene Mamá. Tampoco Papá. Ambos dejaron este mundo hacía ya tiempo.

Ayer parece que trepó a un poste. Quizás el cobre lo ayudaba a zafar algún sanguche. En un poste en muy mal estado, en un barrio que como no es céntrico, no importa tanto.

Anoche Marcos dejó de existir.

Los que no lo conocen dicen, apostados en sus redes sociales como jueces de un mundo virtual, que se murió por rastrero, por vago… por negro.

Gabriela Decima, referente del barrio y del programa de fútbol que al que él pertenecía, fue contundente “Otro pibe más que mata el hambre”. Y le dejó en su Facebook un mensaje: “Dios quiso que partieras con él. Y el pensar que ya no vas a estar en el próximo encuentro de fútbol me duele. Hoy tus compañeros de cancha están sin poder creer lo que pasó. Quiero que sepas que una de las chicas, Mili Menéndez, que empezó con nosotras en nuestro barrio y nuestra canchita, hoy vestirá la camiseta Argentina que es lo que cualquier jugador de fútbol anhela (…) Marcos, estarás grabado en nuestros corazones y en especial el mío”.

Hoy esos héroes anónimos que organizan los barrios, que ayudan a los que menos tienen, están devastados. Un pibe de 18 años, sin ninguna posibilidad meritócrata que lo acompañe, por su barrio, por su gorra, por su cara, se nos va injustamente.

La realidad social los lleva a estar jugados. El hambre a la desesperación, al extremo de poner su vida o la nuestra en riesgo. No es un todo vale. No tiene menos derechos que vos o yo. Mientras los ladrones de guante blanco hunden un país, los que están fuera de las estadísticas, los invisibles de siempre, son carne de cañón hasta el hartazgo.

Ojala que algún día los Marcos que nos invaden a diario tengan la posibilidad de un techo, un pedazo de pan y la chance que uno, aunque sea un solo sueño se les haga posible.