El candidato ultraderechista se arrimó al 50% de los votos y si bien hay ballotage, las chances de que no se convierta en presidente del vecino país son mínimas.

Brasil se despertó con dos candidatos con posibilidades de ser presidentes del país más grande de Latinoamérica, que se dirimirá en el ballotage que se realizará el 28 del corriente mes. Con el 46,03% de Jair Bolsonaro y el 29,28 % Fernando Haddad solo una fuerte unidad de todos los partidos y una acérrima campaña para dar vuelta votos, permitirían al candidato bautizado por Lula, dar vuelta el destino de esta elección.

Bolsonaro arraso en el sur del país, y en diferentes sectores de la sociedad. Más allá de sus discursos retrógrados, xenófobos y misóginos. Una gran cantidad de negros, mujeres y pobres apostaron por el candidato del Partido Social Liberal. El debate que recorre el país se centra en por qué un nuevo “outsider” de la política con posiciones tan cuestionadas y peligrosas para la democracia puede llegar al poder, en el uno de los países más grandes del mundo.

“Brasil por encima de todos y Dios por encima de todos” Con este slogan de campaña y 30 años de actividad política Jair Bolsonaro logró posicionarse capitalizando dos aspectos básicos: La bronca con la corrupción que reina el país y la crisis económica y social (centrada en la creciente inseguridad) que vive Brasil hace algunos años.

Parte de la campaña del exmilitar se basó en la posibilidad de agitar el fantasma de que no querer “terminar como Venezuela” (País este que sirve de cliché para posiciones nacionalistas y conservadoras en varios países del continente.) El hecho de que Dilma Rouseff haya terminado cuarta en Minas Gerais con menos del 15% de los votos, quedando fuera del congreso, acentúa el –“pase de factura” de los ciudadanos brasileros con la última gestión del PT.

Por otro lado, Bolsonaro que se presenta como un tipo por fuera de la política, con muchos guiños a EEUU. Incluso su campaña además de centrarse en “Anticorrupcion y seguridad” se abrazó a profundizar relaciones con EEUU, Israel y Corea del Sur. Frenando así su intercambio comercial con China y dejando al Mercosur por fuera de sus planes de gobierno (Tal es así, que ni siquiera fue nombrado en su campaña.

Con posible llegada del líder del PSL al gobierno del vecino país, se prevé un ajuste en el estado con el achicamiento de ministerios y dependencias públicas, una reducción de la deuda pública de un 20%, bajar la carga tributaria y los costos para las empresas y una profunda reforma previsional que avance con un modelo de privatización del estado.

Por otro lado, Fernando Haddad el candidato petista, solo logró avanzar en las encuestas por el dedo mágico de Lula Da Silva que desde su cárcel de Curitiba lo eligió como su delfín para estas elecciones. Así fue que empezó a avanzar en las elecciones saliendo del relegado quinto lugar que ostentaba hasta ese momento. Los simpatizantes de Lula lo acusan de subestimar un armado más amplio que incluya a distintos sectores de la centro izquierda para frenar el avance de la ultraderecha. No salió. Lula se inclinó por alguien de su propio partido y ahora el destino de Brasil se define en unos días. El ex presidente lideraba las encuestas hasta antes de su detención donde se lo proscribió como candidato por la megacausa “Lava Jato”. Y si bien se perfilaba como favorito para volver al Palacio de Planalto, (con mucha aceptación popular y también con un rechazo altísimo) una vez fuera de combate no pudo transferir sus votos a Haddad que tiene la elección más difícil de su vida en menos de tres semanas.

Un candidato que reivindica la dictadura militar brasilera, las torturas y los asesinatos. Apoyado por la iglesia evangélica (muy fuerte en Brasil), sumado a sectores del campo y las FFAA (La llamada bancada BBB – Bovinos, balas y Biblia- ). Con un fuerte acercamiento a EEUU en detrimento de chinos, rusos y europeos. Y sobre todo con un discurso que intenta frenar la conquista de derechos por las minorías brasileñas que se han manifestado en su contra estas últimas semanas. Y por el otro lado, un candidato débil como Haddad, con una carga muy grande sobre sus espaldas. La buena gestión de Lula, la mala de Dilma y un debate sobre qué les falta a las fuerzas progresistas y socialdemócratas para no despertar dinosaurios que son peligrosos para el país y le continente.